Enseña todo lo que hay conectado a una red y lo explica sin exigir que quien lo lee sepa de redes. Se abre, escanea, y cuando cierras el navegador se apaga solo.
En cualquier oficina hay aparatos que nadie recuerda haber puesto: una impresora vieja con su panel web abierto, una cámara que un proveedor instaló hace años, un NAS compartiendo carpetas a toda la red. El primer paso de cualquier trabajo serio sobre una red es saber qué hay dentro, y eso es exactamente lo que hace esta herramienta.
Un escaneo real de una red pequeña, con los identificadores (nombres de equipo, direcciones MAC y sus IPv6 derivadas) sustituidos por otros ficticios. Los datos de la pestaña Internet son de ejemplo, con direcciones de los rangos reservados para documentación.
Está pensada para entrar en una red que no es tuya, hacer el trabajo y no dejar nada detrás. Ni instalación, ni permisos de administrador, ni procesos que sigan corriendo cuando te has ido.
No hay monitorización de fondo ni re-escaneos automáticos. Entre un escaneo y el siguiente, el programa no manda un solo paquete a la red.
La consola enseña el inventario de la red, así que escucha únicamente en el propio equipo: nadie más de la red puede abrirla.
Al cerrar la última pestaña del navegador el proceso termina, sin dejar instancias huérfanas ocupando el puerto.
La diferencia entre una herramienta en la que se puede confiar y una que queda bonita está en cómo trata lo que no sabe. Estas son decisiones tomadas a propósito, no cosas pendientes de arreglar.
Hay equipos que ignoran el ping y no tienen ni un puerto abierto, pero que no pueden ignorar el ARP. Aparecen igual. Ahora bien: esa tabla arrastra rastros de aparatos que ya se fueron, así que ese hallazgo se marca aparte en vez de venderlo como un dispositivo presente.
Una red doméstica IPv6 tiene dieciocho trillones de direcciones: no es que barrerlas sea lento, es que no se acaba nunca. Se pregunta a la red y se lee la caché de vecinos, y lo encontrado se cruza por MAC para que un aparato no salga dos veces por hablar dos protocolos.
Se escanea toda la red que marque la máscara, no un trozo fijo. Hay un techo de seguridad para que una máscara mal tecleada no lance un escaneo de millones de direcciones, y cuando recorta lo avisa en pantalla, nunca en silencio.
La pestaña de Internet responde a las dos preguntas que más se repiten en una visita, y lo hace en castellano llano.
Es lo que impide abrir puertos o llegar desde fuera a las cámaras o al NAS, y casi nadie sabe si lo tiene. Se le pregunta al router por su IP del lado de internet, sin credenciales y sin salir de la red local. Cuando el router no contesta se recurre a un indicio, y entonces el resultado lo dice con su nivel de confianza en vez de fingir certeza.
Se mide la latencia en reposo y con la línea cargada: esa diferencia, el bufferbloat, explica mejor que los megas por qué las videollamadas van a trompicones. Y se avisa de lo obvio que casi nadie dice: la medida es la de ese equipo, con su wifi y su antivirus recortando el resultado.
La uso yo en las visitas y sigue creciendo con lo que me voy encontrando. Está escrita en Go, sin dependencias externas: la interfaz y el mapa van dentro del propio ejecutable, que se copia y se lanza sin instalar nada ni pedir permisos de administrador.
Puedo pasar el inventario en tu oficina y entregarte el informe con lo que hay conectado, qué está expuesto y qué conviene cerrar.
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