La aplicación que me llevo a las visitas: mide la red de verdad, separa el problema del wifi del problema de la línea y deja un informe que el cliente entiende.
Cuando alguien dice que su wifi va mal, la avería puede estar en tres sitios muy distintos: en la cobertura inalámbrica, en la red local, o en la línea que ha contratado. Cambiar el router cuando el problema era la fibra es tirar el dinero, y sin medir no hay forma de saberlo. Esta aplicación mide.
El diagnóstico lanza ráfagas de pings a tres puntos y compara: al router, a un servidor de nombres y a internet. Con esos tres tiempos se puede decir en qué tramo está el problema en lugar de repartir culpas a ojo.
Si aquí ya hay pérdidas o retrasos, el problema es la cobertura inalámbrica: distancia, obstáculos, canal saturado o vecinos.
Si el wifi va fino pero la red local no, hay que mirar el router, el cableado o algún equipo que esté saturando la red.
Si lo de dentro está sano y el retraso aparece al salir, la conversación es con el operador, no con el router.
La aplicación guarda cada visita por cliente. En la siguiente compara con la anterior y enseña qué ha cambiado: equipos nuevos, equipos que ya no están, cobertura que ha mejorado o empeorado.
Un PDF con la marca CIBEROX que recoge la red, la calidad del enlace, la cobertura por estancias, los equipos encontrados, los hallazgos y los cambios desde la última vez. Se genera dentro del móvil y se comparte por donde quieras. Lleva siempre un apartado de alcance: el informe no le pone nota a la red ni la declara segura.
El PDF es para el cliente; los datos en bruto son para quien hace el trabajo. El historial completo se puede volcar a un archivo, porque si no las visitas solo existirían dentro de un teléfono.
No hay servidores, ni cuentas, ni telemetría. Las mediciones y el historial de visitas viven en el teléfono, y lo único que sale de ahí es el informe que tú decides compartir.
La aplicación no pide permiso de cámara ni de almacenamiento. Todo lo que enseña sale de medir la red.
Ni los equipos encontrados ni los datos del cliente se envían a ningún sitio. No hay ningún sitio al que enviarlos.
No hay cuenta que crear, ni correo que dar, ni publicidad, ni rastreadores de terceros.
Android impone límites reales a lo que una aplicación puede ver, y hay afirmaciones que ninguna herramienta de este tipo puede sostener por mucho que las muestre en pantalla. Están asumidas desde el diseño y se dicen dentro de la propia aplicación:
Decir que una contraseña es fuerte exige saber que no es adivinable, y eso pide
diccionarios de millones de palabras que un móvil no puede llevar encima. La
calculadora que lo intentaba calificaba Prueba123 como fuerte, así
que se eliminó: un veredicto que no se puede defender es peor que no dar
ninguno.
El WPS activo o una red con el nombre de fábrica se presentan como avisos que conviene revisar, no como vulnerabilidades detectadas. Tampoco puede verse el fabricante de los demás equipos ni la señal que recibe cada uno: Android lo impide y ninguna aplicación lo sortea.
Está desarrollada en Kotlin, funciona en un teléfono real y la uso como herramienta de trabajo. No está en Google Play: nació para resolver mi propio problema en las visitas, y sigue creciendo con lo que me encuentro en ellas.
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